Lenin: 1914: Sobre el Derecho de las naciones a la autodeterminación.
2. PLANTEAMIENTO HISTÓRICO CONCRETO DE LA CUESTIÓN
La teoría marxista exige de un modo absoluto que, para analizar cualquier problema social, se le encuadre dentro de un marco histórico determinado, y después, si se trata de un solo país (por ejemplo, de programa nacional para un país determinado) que se tengan en cuenta las particularidades concretas que distinguen a este país de los demás dentro del marco de una misma época histórica.
¿Qué significa este requisito absoluto del marxismo aplicado a nuestro problema?
Ante todo significa que es necesario distinguir rigurosamente dos épocas del capitalismo, radicalmente distintas desde el punto de vista de los movimientos nacionales. Por una parte, es la época de la bancarrota del feudalismo y del absolutismo, la época en que se constituyen la sociedad y el Estado democrático-burgueses, en que los movimientos nacionales adquieren por vez primera el carácter de movimientos de masas, incorporando de uno u otro modo a todas las clases de la población a la política por medio de la prensa, de su participación en instituciones representativas, etc. Por otra parte, presenciamos una época en que los Estados capitalistas están completamente estructurados, con un régimen constitucional hace mucho tiempo establecido, con un antagonismo muy desarrollado entre el proletariado y la burguesía, una época que puede llamarse víspera del hundimiento del capitalismo.
Lo típico de la primera época es el despertar de los movimientos nacionales, el hecho de que se incorporen a ellos los campesinos, como el sector de la población más numeroso y más "difícil de mover", en relación con la lucha por la libertad política en general y por los derechos de la nacionalidad en particular. Para la segunda época, lo típico es la ausencia de movimientos democrático-burgueses de masas, cuando el capitalismo desarrollado, aproximando y amalgamando cada vez más las naciones, ya plenamente incorporadas al intercambio comercial, pone en primer plano el antagonismo entre el capital internacionalmente fundido y el movimiento obrero internacional.
Naturalmente, una y otra época no están separadas entre sí por una muralla, sino ligadas por numerosos eslabones de transición, distinguiéndose, además, los diversos países por la rapidez del desarrollo nacional, por la composición nacional de su población, por su distribución etc., etc. No puede ni hablarse de que los marxistas de un país determinado procedan a elaborar el programa nacional sin tener en cuenta todas estas condiciones históricas generales y condiciones estatales concretas.
Aquí es justamente donde tropezamos con el punto más débil en los razonamientos de Rosa Luxemburgo. Con extraordinario celo adorna su articulo con un cúmulo de palabrejas "fuertes" contra el § 9 de nuestro programa, declarándolo "demasiado general", "cliché", "frase metafísica", etc., etc. Era natural esperar que una escritora que condena en forma tan excelente la metafísica (en sentido marxista, es decir, la antidialéctica) y las abstracciones vacías, nos diera ejemplo de un análisis concretamente histórico del problema. Se trata del programa nacional de los marxistas de un país determinado, Rusia, de una época determinada, los comienzos del siglo XX. Es de suponer que Rosa Luxemburgo plantee la cuestión acerca dé qué época histórica atraviesa Rusia, cuáles son las particularidades concretas de la cuestión nacional y de los movimientos nacionales del país dado y en la época dada.
¡Absolutamente nada dice sobre ello Rosa Luxemburgo! ¡No encontraréis en Rosa Luxemburgo ni sombra de análisis de cómo se plantea la cuestión nacional en Rusia en la época histórica presente, cuáles son las particularidades de Rusia en ese sentido!
Se nos dice que la cuestión nacional se plantea en los Balcanes de un modo distinto que en Irlanda; que Marx emitía tal y cual juicio sobre los movimientos nacionales polaco y checo en las condiciones concretas de 1848 (una página de citas de Marx); que Engels emitía tal y cual juicio sobre la lucha de los cantones forestales de Suiza contra Austria y la batalla de Morgarten, que tuvo lugar en 1315 (una página de citas de Engels con el correspondiente comentario de Kautsky); que Lassalle consideraba reaccionaria la guerra campesina de Alemania en el siglo XVI, etc.
No puede decirse que estas observaciones y estas citas brillen por su novedad, pero en todo caso, al lector le resulta interesante volver a recordar una y otra vez cómo precisamente abordaban Marx, Engels y Lassalle el análisis de problemas históricos concretos de diversos países. Y volviendo a leer las instructivas citas de Marx y de Engels, se ve con particular nitidez la ridícula situación en que se ha colocado a sí misma Rosa Luxemburgo. Severa y elocuentemente, predica la necesidad de un análisis histórico y concreto de la cuestión nacional en distintos países y épocas diferentes, y ella misma no hace ni el más mínimo intento de determinar cuál es la fase histórica de desarrollo del capitalismo por la que atraviesa Rusia en los comienzos del siglo XX, cuáles son las particularidades de la cuestión nacional en este país. Rosa Luxemburgo aduce ejemplos de cómo han analizado otros la cuestión al modo marxista, como para subrayar así deliberadamente cuán a menudo está el camino del infierno empedrado de buenas intenciones y se encubre con buenos consejos el no querer o no saber utilizarlos en la práctica.
He aquí una de las instructivas confrontaciones. Alzándose contra la consigna de independencia de Polonia, Rosa Luxemburgo se refiere a un trabajo suyo de 1898, que demostraba el rápido "desarrollo industrial de Polonia", con la salida de los productos manufacturados a Rusia. Ni que decir tiene que absolutamente nada se deduce de esto sobre el problema del derecho a la autodeterminación, que esto sólo demuestra que ha desaparecido la vieja Polonia señorial, etc. Pero Rosa Luxemburgo, de un modo imperceptible, pasa constantemente a la conclusión de que, entre los factores que ligan a Rusia con Polonia, predominan ya en la actualidad los factores puramente económicos de las relaciones capitalistas modernas.
Pero he aquí que nuestra Rosa pasa al problema de la autonomía y -aunque su artículo se titula "La cuestión nacional y la autonomía" en general-, comienza por demostrar que el reino de Polonia tiene un derecho exclusivo a la autonomía (véase sobre este punto Prosveschenie, 1913, Nº 12). Para corroborar el derecho de Polonia a la autonomía, Rosa Luxemburgo caracteriza el régimen estatal de Rusia por indicios, evidentemente, económicos, políticos, etnológicos y sociológicos, por un conjunto de rasgos que, en suma, dan el concepto de "despotismo asiático" (Nº 12 de Przegld, pág 137).
De todos es sabido que semejante régimen estatal tiene una solidez muy grande cuando, en la economía del país de que se trate, predominan rasgos absolutamente patriarcales, precapitalistas y un desarrollo insignificante de la economía mercantil y de la diferenciación de clases. Pero si en un país donde el régimen estatal se distingue por un carácter acusadamente precapitalista, existe una región nacionalmente delimitada, con un rápido desarrollo del capitalismo, resulta que cuanto más rápido sea ese desarrollo capitalista, tanto más fuerte será la contradicción entre este desarrollo y el régimen estatal precapitalista, tanto más probable que la región avanzada se separe del resto del país, al que no la ligan los lazos del "capitalismo moderno", sino los de un "despotismo asiático".
De modo que Rosa Luxemburgo no ha atado en absoluto los cabos, ni siquiera en lo que se refiere a la estructura social del poder en Rusia con relación a la Polonia burguesa, y en cuanto a las particularidades históricas concretas de los movimientos nacionales en Rusia, ni siquiera plantea este problema
Y en este problema es donde debemos detenernos.